Este hermoso humo blanco me impide ver con claridad, se espesa y solo puedo atisbar la forma de las cosas, aunque bueno, el tiempo me ha enseñado que siempre es asi. En este mar de incertidumbre la única boya a la que puedes agarrarte es aquella que te inventas, le puedes llamar Dios, le puedes llamar amor, le puedes poner hasta tu nombre. Y te hará flotar, al menos por algún tiempo, pero una pequeña parte de ti sabe la verdad, sabe que algún día la boya imaginaria se desvanecerá y te iras, como un plomo, hasta el fondo, hundiéndote en el fango que te atrapa e impide volver a la superficie. A veces el fango se espesa aun mas, formando una dura capa que sirve para tomar impulso y poder emerger. Pero una vez arriba uno no tiene mas remedio que inventarse otra boya y aunque parezca que aguantara, sabes que el fango tiene un terrenito con tu nombre y una fecha que cada vez esta mas cerca.
Este hermoso humo blanco me encanta, me relaja, consigue que me evada de los problemas, no es la solución, pero cuando no sabes que hacer, relájate y lo veras claro. Simplemente has de responder a la pregunta más importante de tu vida y que nunca puedes olvidar “¿qué quieres?”
Que duro es el mundo, es triste que la gente tenga que irse, es difícil aceptar la temporalidad de nuestras vidas, me cuesta comprender que todo lo que inunda mis ojos tiene fecha de caducidad. Estoy condenado, condenado a morir, pero ¿porque? ¿Adónde iré? ¿Seguiré siendo la misma persona? ¿Mantendré mi fuero interno? Si lo pierdo, entonces yo no soy yo, es lo que nos caracteriza. Cuantas preguntas y no existe respuesta correcta, supongo que yo no soy yo, no soy mas que un concepto como los que tengo en mi cabeza.
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