domingo, 8 de noviembre de 2009

Equilibrio

Llegué a casa, estaba completamente asqueado, me senté en el sofa y encendí el televisor. No podia hacer frente a lo que se me venia encima, todo iba a cambiar y en el momento menos oportuno. Estaba cansado, no había comido nada desde la noche anterior y aun así no tenia ganas de comer, solo sabia una manera de compensar la mierda de día que estaba teniendo.
Cogi un poco de pakistaní, con la maña y ayuda del mechero le di la forma de una barrita de unos seis centímetros de longuitud. La miré, era bonita pero no suficiente. Con otro pellizco de la hueva pude alargar la barra hasta los diez centímetros, era perfecta, solo que le pasaba algo, no era suficiente. La deje encima de la mesa y cogi el papel de rollo y corte dos trozos de longitud similar, chupe la pega del primero y la presioné contra la parte inferior del segundo. Deje el papel encima de la mesa mientras se acababa de secar y cogí la china de pollen, quedaba algo mas de un gramo, lo trocee todo encima de mi mano. Cogí un cigarro, le arranque el filtro, parti una pequeña parte del cigarro por el lado de la banda naranja, deje los dos trozos encima de la mesa y el resto del cigarro lo abri y deje el tabaco en mi mano, repetí el proceso otras dos veces. Tenia la mano llena de jachis y tabaco, lo entremezclé todo y cogi la mitad y lo extendi por el papel ya seco. Puse la barra de pakistaní encima de la mezcla y la tapé con lo que me quedaba en la mano. Cogi tres moras y las puse en el lado derecho, comencé masajear la mezcla a traves del papel hasta que fue tomando forma de canuto. Gracias a mi desarrollada habilidad para liar, tubo una forma poco menos que perfecta. Con uno de los filtros que habian sobrado, prensé el purito y lo prendí. Sabia a gloria y la sensación que dejaba cada uno de los tiros que le daba era mejor que con el anterior.
Duraba. A la mitad ya sentía como me afectaba el THC que estaba inhalando, me entro frio y me meti debajo de la manta. Estube fumando intensamente durante veinte minutos, y el cigarro no se apagó hasta que lo presioné contra el cenicero. Estaba completamente colocado, puntualmente unos escalofríos me atravesaba el cuerpo. Por lo menos pude equilibrar el día y descansar tranquilo.

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