Son diecisiete los días que he escogido, diecisiete baldosas que caminar. La primera baldosa es facil de alcanzar, incluso la segunda, hasta que se acaba la euforia que tienes siempre que comienzas algo.
Los siguientes días sientes que has recogido las baldosas que pisabas, notas como un paso no es solo un paso sino la acumulación de los que ya has dado. Un frio inesplicable te atraviesa el espinazo y por mucho que te abrigues no conseguiras que se valla.
El camino se hace largo y cada paso hace que te cuestiones todo aquello en lo que has creido. Ni siquiera puedes mirar atrás para enorgullecerte de lo trabajado, sabes que aunque sean muchas las baldosas que has pisado, basta la que tienes delante para hundirte. Es necesario mucho esfuerzo para llegar al final, pero basta flaquear un instante para sentir como la oscuridad se cierne antes ti. El cansancio te hace infravalorar todo lo que tienes a tu alrededor y es en ese momento cuando tienes que mirar al infinito, y de la nada, sacar las fuerzas que te hacen seguir adelante.
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Ya nada será igual...
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